Taberna J. Blanco. Los mejores callos de Madrid en La Latina
Lo descubrimos como siempre por pura chiripa, Antonio y yo y tal vez alguno más, seguramente rebotados de otro bar de la zona nos arropamos al refugio del J.Blanco. No se muy bien porqué nos animamos a pedir unos callos, no eran horas ya de cenas, estábamos con alguna copa de más, quizás por eso. El descubrimiento nos llevó unos minutos y un extra de pan para terminar con la salsa. Sus callos nos atraparon en su pegajosa y maravillosa gelatina. ¡Los mejores callos de Madrid oiga! con esta afirmación me la juego ante vosotros pero me da igual, afirmo que son los mejores. Volvimos con la excusa de los callos y a medida que fuimos probando más y más platos, fuimos volviendo después por el rabo de toro y por las pochas con almejas y por las chuletillas y por el bacalao y por ese vino fresquito en frasca con su casera de toda la vida que entra sin avisar y que me decís de los caracoles… que caracoles y es que por estar bueno está buena hasta la tarta de cuajada que podría ser como la de cualquier otro restaurante, pero no lo es.
Todo esto en apenas 4 mesas, el local no da para más, todo esto llevado por 4 personas, dos parejas, los hombres en la barra y las mujeres atendiendo las mesas. Una de ellas se encarga de la cocina, casera, casera, que más casera solo en casa de tu madre. Los platos de la carta son más o menos los que os he contado al principio, alguna cosa más pero muy poco más. El local es muy pequeño y para sentarse en una mesa casi hay que pedir audiencia, lo merece. Las mesas no son lo más cómodo del mundo, se soportan. Las sobremesas en el J.Blanco se hacen cenas.
Los domingos de rastro además tienes un cocidito completo por 13€ (lo digo de memoria, igual ha subido algo) que hace que el J.Blanco se llene hasta los topes.
Por favor úsenlo con moderación, no abusen.
Nos vemos en los bares






