Breizh la crêperie, no son crepes son gallete
Nos apetecía el sábado pasado comer unos crepes y pensamos en ir a la Creperie Ma Bretagne que en su día recomendara Edu. Como quiera que tanto esta como alguna otra en la que intentamos reservar estaba completa decidimos probar algo nuevo y así es como acabamos en Breizh. Tuvimos suerte esta vez.
Nada más entrar en este acogedor espacio del barrio de Malasaña uno se encuentra como en casa. Lo primero que nos sorprendió es que el camarero, en un tono muy cercano, nos preguntó si era la primera vez que cenábamos allí y si podía contarnos que hacían allí y recomendarnos algunos platos. Nos contó la diferencia entre una crepería al uso y una bretona (ellos presumen de ser la única por aquí): que los crepes salados los elaboran con harina de trigo negro en lugar de con la habitual masa blanca (esta la usan para los crepes dulces), recomendó además la Gallete (es el nombre de la modalidad bretona) completa, que al parecer es la más tradicional, así como comer con sidra, vasca en este caso, y probar el paté casero que allí elabora Françoise, la cocinera.
A Françoise por cierto la veríamos después, saliendo a hablar con los comensales y a preguntarles si estaba todo en su punto, lo que por aquí vemos más en las películas que en los restaurantes.
Las recomendaciones resultaron un acierto, la sidra natural se lleva de maravilla con el paté casero (prohibido perdérselo), la Gallete completa (jamón, cebolla y huevo) está realmente buena. Además de lo recomendado nos permitimos pedir un par de crepes más de entre un abanico muy amplio en la carta: uno de roquefort y otro con salmón, tomate y cebolla. Los dos muy ricos, y podéis creerme cuando digo que se nota la diferencia de la masa.
Después de un crepe por cabeza, el paté y la ensaladita de rigor (con fresas) llegamos al postre con la necesidad de compartir uno para cada dos con el fin de dejar un huequecito a la copita de después. Nos decidimos por unos crepes de plátano y pera cubiertos de chocolate.
Si hay que ponerle un pero al sitio es que al ser un negocio familiar (tres personas entre cocina y comedor calculo) y hacerse todos los crepes en el acto uno no puede ir con demasiadas prisas, la cena se llevó algo de tiempo, pero no excesivo y como estábamos a gusto allí…
En cuanto al precio, una relación calidad-precio más que buena, menos de veinte euros por cabeza sin habernos cortado nada pidiendo. Seguro que se puede cenar por quince también.






