Feria de Abril
Este fin de semana estuve en Sevilla,
estuve en Sevilla,
este fin de semana, estuve en Sevilla,
tomando rebujitos y unas tapitas.
Esta podría ser la letra de una sevillana cualquiera, pero es la forma que utilizo para empezar mi artículo, que sirva para comentar (sobre todo en lo referente al comercio y al bebercio) lo vivido en la Feria de Abril de Sevilla que visité este fin de semana.
Primero decir que no me gustan las sevillanas y no iba del todo convencido, de poder disfrutar de la fiesta. Finalmente, decidí meterme en el ambiente e incluso lanzarme a bailar unas cuantas veces, con mi novia de aleccionadora compañera.Esta feria, selecta donde las haya, se puede vivir de muchas formas. Si vas sin conocer nada ni nadie, podrás pasear por los pasillos del recinto y ver como unos pocos están sentados comiendo jamoncito en sus casetas y se ponen en pié de vez en cuando para echarse un baile. La única salvación para estos es acudir a las casetas públicas de partidos políticos, distritos y sindicatos, sin embargo la masificación te hará pronto abandonar y buscar un nuevo destino, hasta desesperar y maldecir a los que siguen comiendo jamón. Solución única: echarle morro. Eso tuve que hacer el viernes. No sé como, pero entramos en una caseta privada. Allí, el espacio es mayor y puedes beber y comer puedes estar más tranquilo si la caseta no es pequeña. La bebida típica es el rebujito (manzanilla con Seven Up), inventado para poder estar bebiendo durante todo el día sin emborracharte pero animado, entra muy bien, o demasiado bien, diría yo, sobre todo si lo acompañas con las típicas tapas andaluzas. Lo más accesible, pescaitos, flamenquines, puntillitas, tortillas, croquetas y demás fritangas. Lo del jamoncito y el marisco lo dejamos para los que siguen sentados en sus casetas.
Si le echas aún más morro, como hice el sabado, buscas a alguien que conozca a alguien que a su vez conozca a alguien, que conozca a alguien de Sevilla. Y resultó. A través de me extrañas conexiones terminé consiguiendo invitaciones y proseguir la fiesta con más espacio y alegría con más rebujito y alguna copita.
Al final, vine contento de haber viajado a Sevilla, a pesar de no ser muy amante de las repetitivas sevillanas. Si te apuntas a la fiesta y te fijas en las caras de la gente que vive esa Feria con alegría, puedes decir que quizá algún día volverás. Eso sí, me buscaré los contactos con antelación.






